Agazapado tras unos matorrales, el guerrero Ninja espera pacientemente su oportunidad. Por fin, arropado por la oscuridad de la noche, se acerca al muro del castillo y lo salva casi sin esfuerzo. Con un rápido movimiento elimina a un vigía, a dos. Se mueve deprisa, está en todas partes, apenas hace ruido.

Ochocientos años después, en la otra punta del mundo una Madre Ninja, semi oculta tras la puerta de la cocina espera pacientemente a que termine Phineas y Ferb. Por fin, la musiquita que anuncia el fin del capítulo le da la señal para saltar sobre sus adversarios. Con un rápido movimiento intercepta el mando a distancia y apaga la tele. Sin dar tiempo a que empiecen las quejas anuncia: “A cenaaar”  mientras lleva a los niños a la cocina. En los 20 minutos que dura la cena, recoge la cocina, saca el lavavajillas, tiende una lavadora, va alternativamente introduciendo trozos de comida en las bocas de los niños y postula un nuevo principio en física cuántica. Se mueve deprisa, está en todas partes, apenas hace ruido.

Una Madre Ninja tiene el don de la ubicuidad, o por lo menos lo necesita, si no, las 24 horas del día se quedan muy cortas. Yo ahora, voy a poner una lavadora. Ya.

Yo me levanto muy temprano (no pongo la hora porque duele solo de leerlo), para llegar pronto al trabajo y poder irme también pronto. Aprovecho la hora de ida y la de vuelta en cercanías para adelantar trabajo, pero en vez de ir con el portátil como una ejecutiva, yo voy recortando y pegando las jodías manualidades que hay que llevar al cole, o planeando menús semanales (que al final siempre incluyen tortilla francesa o salchichas algún día). Y porque no puedo poner lavadoras en el tren.

Llego a casa, abro la puerta y el salón parece el avispero de los Balcanes, pese a que yo lo recogí todo anoche. Mi teoría es que como hemos puesto en la tele tantísimas veces Toy Story, al final los juguetes han aprendido a moverse y se salen de la caja; ahora, lo que no han aprendido es a recogerse, esto debe de ser la mala influencia de mis hijos. Tengo media hora hasta tener que ir a recoger a los niños al cole y le saco jugo: paseo al perro, emparejo calcetines, dejo hecha la cena, riego las plantas, y por supuesto pongo una lavadora.

Me voy, coño, no he comido. Me hago un sándwich con lo primero que pillo, no se, acelgas con Ketchup. Mi dieta básica consiste en sándwich de lo primero que pillo y galletas chupadas en el parque; hasta la cena, en la que como los restos que quedan en el plato. Hay una relación inversamente proporcional entre el peso de la madre y la cantidad que comen sus hijos: si los niños comen poco, la madre va ganando kilos gracias a la cantidad de restos que va ingiriendo; si por el contrario comen mucho, tendrá que subsistir con trocillos de salchicha mordisqueados. Ojo, esto no quiere decir que estas madres tengan un tipazo en plan Giselle Bundchen. Hablemos claro: delgada te quedas, pero la tripa post-parto no te la quita ni Dios (un cirujano plástico, a lo mejor).  Futuras madres, cuanto antes asimiléis este concepto, más felices luciréis vuestra pancilla en bikini sin complejos.

Venga, que me estoy enrollando y tengo que llegar al cole cuarto de hora antes o no aparco. Pues no hay sitio, ale, a aparcar en el descampado de enfrente. Mientras me acerco a la puerta voy haciendo calentamiento de brazos, primero recojo al pequeño (que no por ser pequeño pesa poco) y luego corro a coger sitio en la cola de la clase para recoger al mayor. Si no cojo de los primeros puestos en la cola estoy condenada a aguantar con el Rubio en brazos (porque si le suelto incendia el cole), el rato que tarda la profe en entregar a cada niño a su padre correspondiente mientras le cuenta detalladamente el día que ha pasado. Ha habido días en los que en cuanto lo he recogido he tenido que volverlo a dejar porque ya eran las nueve del día siguiente. 

Unos días vamos al parque y otros a extraescolares (que te quitan la vida y el dinero pero claro, ¿cómo no le vas a apuntar a extraescolares?, ¿qué quieres, que sea el único tonto de clase que no juega al tenis mientras habla chino?) y acabamos en casa sobre las siete de la tarde. A ver la agenda: “Queridos papás, este año el tema de carnaval en el colegio que hemos elegido es “bacterias fitoparasitarias del espacio exterior”, os adjuntamos un sencillo PDF de 500 páginas explicando cómo hacer el disfraz, recordándoos que el último día para tenerlo hecho es el miércoles. Esperamos que disfrutéis con su elaboración” Mecagoenmivida, es para mañana. Gracias a la bendita tele, tengo media hora de margen hasta que se empiecen a pegar y como ya hice la cena puedo dedicarme a pegar amebas a una camiseta para el disfraz e incluso poner una lavadora.

Por fin, llega a casa el Padre Samurái y por lo menos ahora somos dos contra dos. Cenados, bañados y acostados, ahora tengo un ratito para tumbarme en el sofá…ah no, espera, que tengo que poner una lavadora.

Comments ( 5 )

On 1 de junio de 2012, 9:43 , Mónica dijo...

Tal cual, así tal cual, jajajja. y eso que los tuyos por lo que veo ya han pasado la etapa "exploradora" en la que tienes que estar 100 % pendiente de que no muerdan los cables mientras tú pones la lavadora! ajjajaja

 
On 3 de junio de 2012, 8:40 , Kentia dijo...

Acabo de descubrir tu blog, y panzón de reír que me he pegado leyendo los posts... felicidades, sigue así :))

 
On 4 de junio de 2012, 0:29 , Blanca dijo...

Muchas gracias por comentar!!

 
On 14 de julio de 2012, 15:53 , Tita dijo...

jajajajajajaja ¿y qué haríamos sin lavadora? ¿te imaginas? para echarse a morir:

http://amorycocinacotidiana.blogspot.com.es/2011/09/la-cerda-u-oda-la-lavadora.html

http://amorycocinacotidiana.blogspot.com.es/2011/10/el-helicoptero-u-oda-la-lavadora-ii.html

 
On 13 de diciembre de 2012, 3:55 , belenan dijo...

Y da gracias que vas en tren... Yo también me levanto indecentemente temprano (a veces creo que hablas de mí en tus post y para que no se me reconozca pones niños en vez de niñas...) y tengo que ir en coche 45 minutos todas las mañanas. Tiempo que empleo en pensar menús, como hacer disfraces, como entretener las tardes de lluvia, como esto, como lo otro y de vuelta más de lo mismo y encima ¡se me olvida la mitad!...