Previously, in La madre Ninja: Después de aguantar una rabieta por unos calcetines, un ejemplo de teatro alternativo, una inundación de zumo y una nueva marca personal de lanzamiento de niño al interior de un aula, me como casi dos horas de atasco como dos soles mañaneros. ¡Que bonito se pone Madrid cuando llueve! ¡Cómo saca la gente sus coches a lavar bajo la lluvia!

 

Por suerte, tengo un día tranquilo en el trabajo. En realidad casi todos los días son tranquilos, un museo no es un sitio en el que haya mucho estrés, no tenemos que aumentar las ventas, ni vigilar la prima de riesgo, ni especular con activos tóxicos… nuestros clientes han pasado ya por el proceso de fosilización y no suelen ponerse quisquillosos si les limpias, les pones la sigla o les haces una foto.

 

Pero se acerca la hora en la que tengo que volver a casa. Es un día complicado porque tenemos extraescolares y después, un cumpleaños. Por algún motivo desconocido, el 90% de los amigos de mis hijos han nacido entre septiembre y noviembre. Durante las navidades del 2006 debieron poner algo en las copas, o salió Sabrina en el especial de nochevieja o el gobierno puso barra libre de viagra; no lo sé, el caso es que todas las semanas hay un cumpleaños.

 

Una madre normal habría pasado de las extraescolares y se habría ido directamente al Macdonalls; sobre todo con los antecedentes de la mañana, pero yo no soy una madre normal. A ver, el fútbol es de 17:15 a 18:15, y la psicomotricidad del pequeño es de 17:15 a 18:00. El cumpleaños empieza a las 17:30, si salgo del polideportivo a las 18:05 aunque lleguemos un poco tarde, podemos hacer las dos cosas y aprovechamos la tarde. Sobre el papel todo cuadra, así que cuando llego a casa, meto la bolsa de deporte en el coche y me voy comiendo un sándwich camino del colegio, total, el coche está hecho un estercolero, unas migas mas no se van a notar.

 

Los niños salen a las 16:45 hora zulú, tengo que estar a las 17:00 en el polideportivo para vestirles (maldito uniforme, ahí te pudras), y tardo unos 15 minutos en llegar. Este es el momento de desplegar todo mi ninjitsu. Me planto en la puerta del cole antes de que abran dando saltitos como Usain Bolt, y en cuanto me dan la salida corro a por el Rubio primero, agarro la mochila y el abrigo y tiro del niño “Ha comido bien y ha hecho una caca marrón”. Sinceramente querida, me importa un bledo. No me entretengas con información inútil que tengo que pillar sitio en la cola para recoger al otro. Este momento es muy crítico, porque la gente se agolpa en la puerta que lleva a las aulas de segundo ciclo de infantil y a mi no me ha dado tiempo de pillar la pole position porque tenía que recoger al Rubio; pero yo estoy aquí para llegar a tiempo a mis extraescolares, no para hacer amiguitas. Me abro camino a codazos con el niño subido a la chepa y llego la primera a la puerta.

 

Tictactictac, y la profesora que no abre, claro, pobre mujer, en el mundo rosa de Hello Kitty y los pequeños ponys el tiempo no discurre como en el nuestro. Al fin abre la puerta con el halo de felicidad de quien cree en la hadas y en los unicornios y se topa con mi cara de mala hostia “El niño. Ahora” Casi me da pena cuando me pone pucherito y me da al niño “Que paséis muy buena tarde y un besito de mariposita” No, no me da pena, me da grima, pero como no tengo ni tiempo ni un magnum 43 para quitarle la tontería salgo corriendo.

 

Cuando cruzo por la puerta del polideportivo justo a las 17:00 levanto los brazos, me pongo a correr por el pasillo y me arrodillo frente a los vestuarios haciendo el arquero. Las otras madres, que ya sospechaban que estoy loca, solo necesitaban una razón para creérselo y yo acabo de dársela. Las clases trascurren según lo previsto, no hay nada que me produzca mayor satisfacción que la sensación de que todo sale como lo he planeado y de que estoy siendo verdaderamente eficaz, así que me siento tranquilamente a esperar la salida de los niños cuando caigo en  mi error: no tengo regalo. Tengo que ir a un cumpleaños en cinco minutos y no tengo regalo. Valoro las opciones: Un billete de diez euros, poco original y algo rácano. Una chocolatina de la máquina, cutre. Un paquete de kleenex y un tampón (lo que llevo en el bolso), raro. No me queda más remedio que pararme en el centro comercial al lado de Macdonalls y comprar algo. Todo mi plan de horarios al garete, y por supuesto, llegamos muy tarde al cumple, los otros niños ya se habían comido los happy meal y la tarta, pero nosotros llevamos nuestro regalo, los enanos saltaron como salvajes en la especie de piscina de bolas que hay y al final me dieron los happy meal para que se los comieran en casa; con lo que me ahorré la cena. Y como estaban agotados se durmieron muy pronto, y yo pude recuperar el tiempo perdido espanzurrada en el sofá, que como todo el mundo sabe, el la mejor manera de aprovechar el tiempo.
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“Has de saber, joven guerrero Ninja, que el tiempo es un bien preciado que no debes desaprovechar”

 

El despertador suena a las seis y media de la mañana. No es mi hora habitual de despertarme, pero hoy el Samurai tiene que salir de viaje y no puede llevar a los niños al cole, por eso, me quedo yo y llego un poco tarde a currar con el beneplácito de mi santa jefa. Hasta las siete y media no levanto a la tropa, pero me despierto antes para poder disfrutar de las cosas de las que disfruto cada mañana en un día normal; ducharme sola, desayunar, hojear el periódico digital… es una hora que pasa demasiado pronto. A las siete y media me coloco la armadura, cojo los shuriken (o estrellas Ninja, que lo he leído en el Wikipedia) y me dispongo para la batalla.

 

Uso al perro para despertar a los niños arrojándolo a la cama, una cosa que a ellos les encanta incomprensiblemente (si me arrojo yo me llevo una patada) y trato de que se vistan o algo parecido. Últimamente el Rubio está de un trendsetter con los calcetines que no hay quien le aguante. Le puedes poner una camiseta de princesas disney y unos pantalones dos tallas mas pequeñas y no dice ni pío; ahora, como no le gusten los calcetines tienes un problema. Opto por abrirle el cajón y que el escoja libremente. Como no se decide entre unos de Mickey y otros de Spiderman le pongo uno de cada y apañaos.

 

Les dejo desayunando y voy preparando las mochilas y cargando el coche, como no, se me ha echado la hora encima. Cuando pasan diez minutos de las nueve cierran la puerta del cole y hay que entrar por secretaría donde poco más o menos te rocían con brea y te cubren de plumas, así que hay que darse prisa. Oigo cachondeo en la cocina, cachondeo incompatible con terminarse los chococrispis, me asomo y el Rubio está haciendo el baile del pollo mientras el Mayor tira los crispis por el suelo llamando a las gallinas. No tengo tiempo, ni de valorar la performance en su justa medida, ni de recoger los crispis (El Don está haciendo su trabajo a este respecto) ni de que desayunen otra vez, así que los meto en el coche con un zumo y una magdalena cada uno. Si algún día llegamos a un juicio de divorcio, el Samurai argumentará como diferencia irreconciliable el tema de las magdalenas y el zumo en el coche.

 

Llegamos al cole y tengo las pulsaciones a 140 aproximadamente. En cuanto paro el coche se sueltan el cinturón y se ponen de pie en los asientos intentando salir por cualquier puerta menos por la suya. Pesco al Mayor y lo saco de un brazo aprovechando el movimiento para ponerle el abrigo, pero el Rubio ha conseguido llegar a la parte delantera pisando entre los dos asientos, justo en el sitio en el que había dejado el zumo y provocando un tsunami de piña y uva. El divorcio es un hecho. Cuando les tengo fuera del coche miro el reloj, las 9:09, venga, que llego. Me cuelgo las mochilas al cuello, me engancho un niño debajo de cada brazo y hecho a correr todo lo deprisa que me dan los tacones. Al cruzar la puerta del cole me he transformado en Arnold Schwartzenegger en poli de guardería; abro la puerta de una clase,lanzo a un niño y antes de escuchar que esa no es su clase, lanzo al siguiente en la primera que pillo. Llevan su nombre y su clase en las mochilas, que les distribuyan ellos, a mi me queda una hora de atasco antes de llega a currar.
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Bueno,como es viernes y en cuanto salga del curro me voy de cachondeo a Logroño ( que tiene muy buen vino y muy mala rima) os dejo un video que me ha pasado mi Samurai con el que llevó toda la mañana partiendome de risa.



Saludos ninja y a pasar buen fin de semana
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El guerrero Ninja conoce las artes de la lucha cuerpo a cuerpo, pero también sabe que lo más difícil de aprender en las artes marciales es cómo no utilizarlas.

 

Hay muchos días en los que me acuerdo de mi abuela. A decir verdad me acuerdo casi siempre, últimamente con preocupación, porque empieza  a notársele la edad, aunque la edad ha tardado bastante en hacerse notar. Mi abuela pasa ya de los ochenta años, y tengo la suerte inmensa de tenerla aún aquí y de que conozca a mis hijos. Mi abuela tenía un pequeño negocio casero de costura, tenía cinco hijos y tenía una habilidad pasmosa para el lanzamiento de zapatilla directo a cabeza de niño que la está liando. Lo que no tenía mi abuela era tiempo para tonterías.

 

Hay muchos días en los que me acuerdo de ella y me dan ganas de liarme con la zapatilla en plan deporte olímpico. Lanzamiento a blanco en movimiento o lanzamiento ciego a blanco berreante, cualquiera de las dos categorías.

 

Porque la violencia en mi casa aparece en un rincón insospechado y se expande como el napalm, hay que ponerse a cubierto o te pilla.  La cosa suele empezar inocentemente, jugando en el suelo con los coches del puñetero Rayo Macqueen (sospecho que Pixar financia las películas con lo que yo me gasto en rayos macqueenes y similares). Pese a que atesoramos un número tan alto de ellos que ya me he propuesto inventariarlos, siglarlos y darlos de alta en una base de datos, ellos siempre quieren el mismo coche: el que tenga su hermano en este momento. Y para conseguirlo, nada mejor que una buena ostia en toda la cara con cualquier objeto de contundencia media-alta. Y luego, a chillar, los dos, al que le han dado porque le duele y el que ha dado por si cuela. Entonces, aparezco yo por la puerta, en plan valquiria justiciera (pelo al viento, coraza y botas) y meto un berrido igual o mayor en decibelios, si es menor, obviamente el tema de la coraza y las botas queda muy deslucido. Mi primer impulso de hembra homínida es liarme a zapatillazos, pero cientos de miles de años de evolución me contienen y me cambian la zapatilla por un castigo de los de “a pensar”.

 

Pero hay días en los que la cosa se descontrola. Como ayer, mismamente, cuando estábamos en el vestuario del polideportivo, cambiándonos para las extraescolares. Como el Mayor va a fútbol pues lleva todo orgulloso su traje de la selección española (el mejor equipo del mundo, igual que el Real de Madriz, según sus propias palabras). Por supuesto, el Rubio también tiene su traje de la selección y se lo pone aunque el no vaya al fútbol sino a psicomotrocidad. Cuando voy a vestirles, me doy cuenta de lo malamadre que soy y de que he traído el traje completo del mayor, pero que de el pequeño solo he traído la camiseta. Hago de tripas corazón y confío en que no se de cuenta, intentando distraerle mientras le pongo la camiseta de “Epaña”. En esto que se para, me mira raro, mira a su hermano y me pregunta “¿pantalón Epaña?”  “No hijo, no me lo he traído” afrontemos juntos este duro golpe lo antes posible. Y empieza el show. Se lía a dar berridos tremebundos por todo el vestuario que, a la sazón, tiene una acústica que ni el teatro Romano de Mérida, mientras se tira compungido del escudo y grita “Epaaña, Epaaaña”. Vamos, que llega a esta allí Artur Mas y se me hace del PP. Las que si estaban por allí eran las otras madres, sentadas en un banco como si nada e intentando seguir con las conversaciones mientras me lanzaban miraditas reprobatorias que no hacían mas que subir mi nivel de estrés. Primero, intento negociar ( “ venga hijo, cuando salgas de clase te compro un zumo en la máquina” ), luego, amenazo con el castigo, luego castigo de verdad sentando al niño en el banco y quitándole el macqueen, lo que no consigue mas que el aumento de los decibelios y un par de patadas directas a mis espinillas. La profesora a punto de llegar a llevarse a los niños al aula de pricomotricidad y el vestuario al completo mirándome a ver si consigo callar al desagradable y maleducado niño, no como su Alvarito que mira que bien se está portando. Y en ese momento Alvarito comenta inocentemente a su madre” mamá, dile que se calle a ese niño”  Y su madre, mirándome  con algo menos de inocencia “ya hijo, ya le va a hacer callar su mamá”. Dicho y hecho. Agarro al Rubio por la parte de atrás de la camiseta de “Epaña”, me lo llevo a las duchas, le meto la cabeza debajo de una de ellas y abro el grifo. Se hace el silencio. Salgo de nuevo al vestuario llevando de la mano al niño con el pelo mojado; ahora me toca a mi lanzar una mirada a Alvarito como diciendo “¿alguien mas se quiere dar una ducha?”, a la que el responde escondiéndose detrás de su madre. Al Rubio le seco el pelo con una toalla, le cambio la camiseta y se va a clase como una malva. Las otras madres lo flipan, no saben si aplaudirme o salir corriendo, yo, que tampoco lo tengo claro, me subo al gimnasio del polideportivo y salgo corriendo, pero en la cinta de correr.   

 

Cuando le recojo, el desgraciao está mas feliz que una perdiz (y yo que me había estado torturando por torturarle en plan guantánamo ). Lo  que ha quedado claro de esto es, a mi, que no me puedo olvidar los pantalones y que el amor por su selección va mas allá de los límites comprensibles, a el, que cuidadito con mamá, que, aunque no lo parezca tiene sus límites, y a las madres del polideportivo, que este año hay una madre grillada y que lo mejor será no dirigirme la palabra. 
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Me llena de odgullo y zatisfación recibir el PREMIO DARDOS de la mano no de una, sino de dos blogueras fantásticas: 

                     - Blanca de The Blanche Blog, que se llama como yo ( y casi se apellida como yo) pero que es mas estilosa y tiene un blog lleno de cosas bonitas y buenos consejos de belleza que buena falta me hacen. Ya te daré la barrila, ya....

                      - La Armadilla Invencible que enseña en su blog sus encuadernaciones, sus trabajos con lana y tela...bonitismo puro, no dejéis de pasar


Y ambas dos me han dado este premio



Y yo por una parte quiero hacer una reflexión. Cuando empecé con el blog no sabía de que iba esto de los premios ( La Madre Tigre me dio uno y no me enteré de que iba la cosa, Entschuldigung!!, salud, gracias). Yo pensaba que escribir el blog era soltar la serie de chorradas que se me ocurrían y contar un poco lo que me pasa en mi dia a día, que es a veces surrealista y necesito escribirlo para constatar que ha pasado. No esperaba recibir demasiado a cambio, de hecho hace unos años también empecé un blog que no leyo ni mi madre, y de repente tengo 12.500 entradas, 135 seguidores en twitter y mucha gente que me lee y que le gusta lo que escribo. No puedo estar más agradecida y emocionada. Yo solo escribo tontunas y a cambio conozco gente estupenda, paso muy buenos ratos descubriendo nuevos blogs y aprendo. Pues genial, ¿no?

Y al lío. Una función de estos premios es recomendar otros blogs que me gustan para que los lea mas gente. Ahí voy

Solomillito de Rana  Yo me parto con esta muhé

Caperucita y uno mas  Recursos, cuentos, cosas de madres, muy agradable de leer

Mamá 2.0 Hay que echar mano de su dospuntocerolandia mas de una vez para saber de que va el lío este de la informática

Diario de algo especial Que nos vemos en twitter todos los dias!! Y su blog tampoco tiene desperdicio

Hija no hay mas que una Lo que da de si el pelirrojismo.....


Bueno chicas, nos vamos leyendo!

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El joven guerrero Ninja escucha el consejo de sus mayores, pero si es listo, escuchará primero a su instinto.

 

Hay cienes y cienes de blog de temas de madres, y en muchos de ellos te encuentras un post con el tema que yo voy a tocar hoy: de cómo todo el mundo parece saber mas que tú de tus hijos y su comportamiento. Es una cosa que, a juzgar por mis lecturas en la blogosfera, le pasa a casi todas las madres y le toca los ovarios con las dos manos a cualquiera que tenga un mínimo de sentido común. Cada una tiene sus frases míticas, y aquí van algunas de las mías, advierto que el sarcasmo es una de mis mayores armas ninja:

 

-          “Pues este niño parece que tiene fiebre, ¿no le has dado Dalsy?”. Por supuesto que no le he dado medicamentos, a mi me gusta vivir como en la edad media, si me disculpáis, me voy a arar el campo con mis bueyes (mientras limpio el churrete de Dalsy que le cae por la barbilla)

-          “¿Uy, por que tiene tantos moratones en las piernas? “.  Este hecho obedece a dos factores principales: que es un niño y que está vivo, e puoi si muove. Y generalmente se mueve sin tener en cuenta cosas como picos de las mesas, patas de las sillas y escalones varios. Ahora, si lo que insinúa usted es que le pego a mi hijo le diré que si, que tengo una vara, que se como usarla y que no me gustan las señoras entrometidas de este parque.

-          “A este niño le está dando mucho el sol”. Teniendo en cuenta que estamos en agosto y que esto es la playa lo raro sería que le cayera nieve. Lo que me pregunto yo es cuanto tiempo le lleva a usted dando el sol para que decida acercarse a unos desconocidos y soltar semejante parida.

-          “Pobrecita, tan jovencita y con dos niños, trae, dame al pequeño”. No se si a mis casi 35 años debería agradecer que piensen que soy madre adolescente o preocuparme por el aspecto choni que me da el salir en chándal y con coleta. Lo que está muy claro es que como me toque al niño me va a salir la Vane de dentro y se va a liar el sandios ¿mentiendes?

-          “Ay, vaya rabieta se ha pillado, pobrecito, estará cansado”. Claro, pobre chiquitín, lo mejor será darle el cuchillo que pedía para que no se enrabiete. La próxima vez que vea a un Skin Head destrozando mobiliario urbano me voy a acercar a el, le voy a poner el chupete y el pijama y le voy a llevar a la camita. El pobre estará cansadito.

-          “Que bien que en el colegio tengan uniforme. Así no tienes que pensar cada mañana que les pones”. Puesto que en los coles sin uniforme el día que no te montan una fashion week vienen los Reyes al patio, hay que prepararles un estilismo elaborado cada mañana y una sesión de peluquería y maquillaje para pasar el photocall. ¡Que idea más tonta la mía de ponerles un chándal del decathlon o un vaquero y un jersey para ir al cole!

 

 
Solo advertir desde aquí a las recientes madres ninjas que no hay escapatoria, que os dirán cosas como esta una o cien veces, y que dependiendo de vuestro carácter así os saldrá la respuesta. Que os tocará las narices ya os lo digo yo. Pero como opinar es gratis y todo el mundo da consejo pues yo también voy a dar uno: pasaros los comentarios por el forro. Los consejos pueden ser buenos, malos, razonables, pueden resolver las dudas o te pueden liar más; lo único que está claro es que aquí, la loba de tu manada eres tú, sigue tu instinto.
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También el guerrero Ninja encuentra momentos de paz y disfrute. El guerrero sabio aprende a encontrar su lugar en la naturaleza. 

 

La familia Ninja que nos ocupa en este blog, la mía mismamente, vive en Madrid, Comunidad Autónoma de Madrid, pero no en la ciudad (distancia a mi trabajo: 5 Km.). Tampoco en una ciudad-dormitorio de la ciudad (distancia a mi trabajo: 15 Km.). Vive en un pueblo algo alejado de la ciudad (distancia a mi trabajo: 40 Km.). Mucha gente se lleva las manos a la cabeza cuando me escucha contar que me levanto a las 5:20 de la mañana. Si, las cinco y veinte de la mañana. Siempre es de noche, en verano y en invierno. Entro a curar a las 7:15 aprox. Y así puedo salir a las 14:30 y correr al pluriempleo como taxista-cocinera-enfermera-mediadora de conflictos-…..

 

Lo bueno que tiene es que es un lugar bastante bueno para la crianza y adiestramiento de los niños. No digo que la ciudad no tenga muchas cosas buenas, que las tiene, pero a mi me hace más gracia que mis hijos sean un poco rurales. A ellos, seguramente cuando tengan 15 años no les haga ni puñetera gracia, pero ya discutiremos entonces.

 

El otro día, con este tiempo tan bueno que hace (después de la lluvia horrible y sus caóticas consecuencias para mis nervios) fuimos con las bicis a pasear por la dehesa que está al lado de casa.  La intendencia, como siempre es notable: Dos bicis, una mochila con: agua, plátanos, chocolate, bocadillos de chorizo ( lo prefieren al jamón york desde los ocho meses), toallitas, unas tarjetas de los gormitis, un chupachups de segunda mano y una cosa que lleva algunos días pegada al fondo de la mochila y que no me atrevo a tocar. Y el perro.
El don en misión Cochino Jabalí


 

Antes de que empiecen a correr como Lance Amstrong recién salido del after, les distraigo para poder estirar y calentar los músculos. Me va a tocar correr y sobre todo esprintar, que hay mucha cuesta. Efectivamente, el Rubio se lanza a la primera oportunidad que se presenta cuesta abajo y sin frenos. No, si lleva frenos, las zapatillas que compré la semana pasada. Nota mental: comprar zapatos de claqué para salir con las bicis al parque. El Mayor, que es más precavido, sigue aún en la primera cuesta, de inclinación al 2% y ha decidido ir mejor andando por si la cosa se pone peligrosa.

 

Bellotaaaas
Llegamos a un claro bajo una encina y descubren los bellotas. Señores del Imaginarium, no se gasten la pasta diseñando juguetes, cogen unas bellotas, las meten en una bolsa y le ponen un nombre de los suyos; Bellotum let´s play. Como les veo entretenidos, me siento un rato en un banco y aprovecho para mirar el Twitter, que es un no parar. De repente me doy cuenta de que ya no están recogiendo bellotas, se están lanzando algo que parece un frisbee, pero que va perdiendo material en cada lanzamiento. Joder, no es un frisbee, es una plasta seca de vaca. Señores del Imaginarium, ni se les pase por la cabeza.

 

Después de refregarles con toallitas decidimos volver al coche, pero me falta el perro. Como no viene, y eso es raro en el, nos ponemos a buscarle. Vislumbro unas orejas saltando dentro de lo que este verano era el cauce seco de un arroyo, y que, gracias a las lluvias, ya no está seco, pero tampoco hay agua como para mojarse. ¿Sabéis esas salchichas que vienen recubiertas de hojaldre? pues eso era el Don, a gran escala, hecho de barro y las orejas por fuera. Me acabo el paquete de toallitas.

 

Al final llegamos al coche y me pongo a guardar las bicis en el maletero. Mientras esperan para montarse en el coche, al Rubio le entran ganas de hacer pis, y como ya es un mayor sin pañal decide dar muestras de su recién adquirida autonomía, se baja los pantalones y se pone a hacer pis, lo que pasa es que no maneja bien la parábola y el pis acaba en los pantalones, un lugar del que nunca quiso salir en realidad.

 

En fin, llegamos a casa cansados, algo mojados y algo embarrados. ¿Y lo bonito que ha sido? ¿Y lo bien que hemos jugado? Porque a ver dónde consigues tu en la ciudad unas 400 bellotas que recogieron ellos y un frisbee orgánico. Pues a lo mejor próximamente en el Imaginarium.
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Cae la tarde y el guerreo Ninja bordea los muros del castillo de Edo. Tiene órdenes directas del shogun de vigilar oculto el acceso norte, esperan una incursión de los espías del clan Tokugawa. En ese momento nota que ha comenzado a llover, sin duda, la lluvia lo va a poner todo mas difícil.

 

La Madre Ninja mira desolada la página web de AEMET y descubre que las lluvias empiezan el viernes y que se mantendrán todo el fin de semana. Es como una maldición bíblica, como la peste, como un ataque nuclear. Los niños encerrados en casa todo el fin de semana. Entre semana la cosa sería aceptable, por las mañanas van al cole y a mi sinceramente, me importa un bledo que corran por los pasillos del colegio gritando, empujándose y aprovechando la mínima oportunidad para encaramarse a la calva del director; para eso precisamente pago yo el impuesto revolucionario del concertado. Mientras que en horas de clase hagan sus cosas, allá se apañen ellos en los recreos si no pueden soltar a las fieras.

 

Ahora, un fin de semana consta de dos días, con sus 24 horas cada día, que se hacen interminables si los chavales no pueden salir a quemar la energía sobrehumana que les dan los chococrispis.

 

En realidad, empieza el viernes por la tarde, cuando dan las cuatro, llueve a cántaros y hay que recoger a los niños del colegio. Por supuesto tienes que ir en coche, tu y todos seres susceptibles de recoger niños, que, como es viernes, suelen ser los padres, los abuelos, los tíos de cuenca y la au-pair austriaca, lo que viene a ser el grupo medio de 8 personas por niño cada uno con su propio coche. Y se monta el atasco, claro. Tanto en el poco hueco que hay para aparcar como en las entradas del colegio o en las colas para recoger al niño, que se hacen eternas, porque tanto padres como abuelos como tíos que ha ido emocionados a recoger al niño a clase quieren saber con pelos y señales que ha hecho, que ha comido y si por fin ha descubierto la vacuna contra el cáncer que ellos ya lo sabían, que su niño es muy listo. Y que estén los antidisturbios soltando ostias en la plaza de Neptuno y no haya ni un mísero destacamento libre para desalojar estos pasillos….

 

Cuando por fin consigues a tus niños o a unos que se les parecen bastante (no me voy a poner exigente, a mi dame a unos niños y déjame salir de aquí) llega el festival de la risa y la diversión. Hay que alcanzar el coche, que está donde Cristo perdió el mechero, mientras llueve a mares y arrastras a dos niños, cada uno con su paraguas (en el del rubio van prendidos varios ojos de compañeros) pero sin botas de agua por una suerte de aparcamiento que en realidad es un campo sin asfaltar y que se ha convertido en un lodazal. A tu lado van cayendo madres menos entrenadas mientras tu instas a tus hijos a que sigan avanzando sin tropezarse con los caídos “vamos chicos, estamos muy cerca, un poco mas deprisa”. Es inútil. Darle a un niño de dos años un paraguas y pretender que camine deprisa es como ponerle a Letizia un plato de cocido y esperar a que se lo termine. Desesperante.

 

A lo lejos vislumbro mi coche. Veo a una madre que, aunque ya ha conseguido alcanzar el suyo, está de pie junto a la puerta trasera abierta porque su hijo pequeño berrea agarrado al paraguas que no quiere soltar mientras el mayor salta en un charco con las zapatillas de deporte que seguramente eran nuevas. Tiene la cara empapada y por eso no veo sus lágrimas, y, aunque me suplica con los ojos que la atropelle y termine de una vez con su sufrimiento yo solo escucho a mi instinto de supervivencia y llego por fin al coche. La suerte me sonríe y encuentro las llaves en el bolso a la primera. Lanzo al Rubio al interior y le abrocho el cinturón rápido mientras le grito al Mayor que le estoy viendo y que se aleje inmediatamente de ese charco. Por fin, los tres en el coche, pongo la calefacción para secarme el pelo  y Eskorbuto a toda tralla para salir de ese infierno usando una conducción peligrosa e irresponsable. Estoy mojada pero viva, necesito todas mis fuerzas porque se acerca un fin de semana muy complicado.   
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