Estas navidades tomé la decisión de utilizar más eficazmente mis horas de descanso y por eso me cogí los cinco días de vacaciones cuando más los necesitaba: después de las fiestas. Llegué a esta decisión después de aprender el año pasado una lección muy valiosa; que cocinar una cena para quince, una comida para trece y una fiesta infantil para veinte niños y el doble de adultos no son vacaciones. Así que este año pasaba dos días en casa haciendo cuatro tartas y varios litros de sopa de ajo y luego me iba al despacho a descansar. Seguía organizando una cena de fin de año para quince y un “brunch” de reyes para trece y me volvía al museo a disfrutar del silencio. Terminaba con la fiesta de cumpleaños del Rubio, tratando de controlar a una pandilla de hunos en miniatura y perpetrando lo que será conocido a lo largo de la historia contemporánea como la tarta con forma de Rayo Macqueen más patética jamás hecha por una madre y regresaba a meter la cabeza en la vitrina de los fósiles de jurásico.

 

Y por fin, después de tanto sufrimiento llegaron las vacaciones. Una semana entera con los niños en el cole, el Samurai en el curro y yo en casa, dedicada a desentrañar una de las peores conspiraciones tramadas en los últimos veinte años; algo tan maquiavélico, malvado y retorcido que lo de los sobres de Bárcenas, en comparación, se queda en nada. Estoy hablando de la llamada “liberación de la mujer”. Durante mi semana de vacaciones he reducido mi trabajo de dos jornadas a solo una, es decir, que no he madrugado ni he ido a trabajar al museo y me he dedicado solamente a trabajar en casa. Y en casa no se trabaja poco, hay cocina, plancha, limpieza, compra, nada que no sepáis ya, pero claro, cuando para hacer esto tienes doce horas en lugar de cuatro tu calidad de vida mejora bastante.

 

Calidad de vida, ahí está el tema. ¿Disfrutamos de una mejor calidad de vida que hace cincuenta años? Se nos ha dicho repetidamente que si, y no solo eso, se nos ha dicho que incluso hemos disfrutado de una calidad de vida que no podíamos pagarnos y la hemos disfrutado a crédito, por eso ahora tenemos que devolverlo. Pero, temas políticos aparte (obviamente, vivir en dictadura es mucho peor que lo que tenemos ahora, sea lo que sea), en cuestiones económicas pondré el ejemplo que me contaba mi abuela. Ellos vivían con un único sueldo, el de mi abuelo, que era en torno a las 500 pesetas mensuales, y que les daba para pagar la hipoteca, unas 50 pesetas y mantener a sus cinco hijos. Incluso ahorraban y se iban de vacaciones. La siguiente generación, la de mis padres, supuso la incorporación de la mujer al mercado laboral (me ha quedado de libro de texto). Mi madre, como otras muchas mujeres, empezaron a trabajar con la ilusión de haber logrado un derecho por el que se había peleado mucho, algo de lo que tenemos que estar siempre agradecidas, ya que conseguimos la independencia económica y, esperemos, fue el primer paso para que la igualdad en el tema laboral sea una realidad dentro de unos años.

 

Pero yo, cuando la veía planchar a las once de la noche me tenía que haber olido el pastel. Porque las mujeres que hoy trabajamos lo hacemos porque no hay mas remedio, hemos pasado de pagar una hipoteca que supone el 10% del sueldo a pagar el 100% del sueldo de uno de los dos. Y el sueldo que queda cada vez se queda mas corto, cada vez hay que hacer más horas y eso significa que el que puede llegar antes a casa le toca el trabajo completo. ¿Que haríamos si pudiéramos elegir? En un mundo ideal uno de los dos se quedaría en casa hasta que los hijos fueran algo más mayores y luego se  incorporaría a un trabajo que se le  ha estado guardando porque es esos años en casa habría desempeñado la labor fundamental de criar a unos hijos que serán los contribuyentes del mañana. Pero esto es el mundo real, el samurai trabaja hasta las ocho y yo me paso la tarde fregando en lugar de jugar con mis hijos, quienes heredarán una casa que yo terminaré de pagar con sesenta años. Señoras, señores, creo que nos han engañado.

Comments ( 9 )

On 22 de enero de 2013, 0:32 , Mama gnomo dijo...

Y tanto. Y en cierto modo esta crisis ha ido a ordenar un poco el caos establecido. Muchas horas fuera, mucho dinerito, mayor nivel modo asistenta, canguro, cenas, copas, ropa, viajes... y estaba genial pero no era real; ql menos no para todos. Nuestras abuelas no salían a hacer todas esas. osas y se dedicaban a la casa y a su familia con menos agobios y materialismos. No considero que me falte de nada, no trabajo desde 2009, ni tengo hipoteca sino alquiler, me dedico a mi hija y al mega bombo que gasto y no hay guarde sino juegos. No hay estrés. Hago las tareas del hogar con más o menos pereza y de alguna me escapo hasta..hasta que yo quiera. Quizás no me compre ropa cada semana, ni me vaya a cenar por ahí todos los viernes, pero estoy feliz en mi casita con mi marido y mi tranquilidad!! Algun dia, quizas...vuelva a trabajar y disfrutaré de la calidad de vida que me de un sueldo. Por ahora me costaría el dinero salir de casa.

 
On 22 de enero de 2013, 0:58 , Blanca dijo...

¿Ves? el alquiler es la clave. Creo que el problema que tenemos viene en gran parte por lo de los pisos, que se fue de madre. Si las familias no tuvieran que pagar tantísima hipoteca podrían prescindir de sueldo y uno quedarse criando a los hijos.Lo de los créditos nos ha fastidiado pero bien, el problema es que los precios subieron sin control y eran la única manera de acceder a una vivienda; el alquiler no se veia bien y ahí la cagamos.

 
On 22 de enero de 2013, 1:20 , Araceli López dijo...

Yo creo que tenemos muy arraigado en nuestro carácter lo de la propiedad, en otros países la gente alquila mucho más. Pero el ladrillo hizo ricos a muchos y ahora nos hará más pobres a muchos más.
A mi a veces me parece que he desaparecido de la sociedad, supongo que crecí con una generación de mujeres a las que nos inculcaron, quizás involuntariamente, que lo que debíamos hacer era estudiar y trabajar.

 
On 22 de enero de 2013, 6:35 , Blanche´s Blog dijo...

yo también creo que aquí hay tongo y que no quieren que vivamos bien para nada, sino bajo el miedo de quedarte sin trabajo y no tener con que vivir. O con la incógnita de acabar tus estudios y no encontrar trabajo y tener que irte fuera. Si no nos ponemos los ciudadanos como nos tenemos que poner esto va a ir de mal en peor.

 
On 22 de enero de 2013, 6:36 , Blanche´s Blog dijo...

Perdón tocaya por ser tan pesimista, pero es que me tienen de quemada que no veas.Besos

 
On 22 de enero de 2013, 8:21 , Blanca dijo...

El problema es que tengas que elegir,¿por qué no puede haber un tiempo para trabajar y otro para la familia? Cada vez es más difícil y claro, con la baja natalidad que tenemos vamos a ir a peor

 
On 22 de enero de 2013, 8:23 , Blanca dijo...

Se han dado cuenta de que les sale más rentable que vivamos peor, y encima los responsables de arreglar cosas que hemos elegido se dedican a robar y a pasarnoslo por la cara como si nada, así ¿cómo no vamos a estar cabreados?

 
On 29 de enero de 2013, 5:48 , Anónimo dijo...

Querida ninja, esta vez no coincido contigo... El problema lo tienes con tu samurái. Por qué, si los dos trabajáis, tienes que hacer tu la casa??? Creo que te impones unas tareas que en ninguna parte dice que sean tuyas. A los hombres hay que someterlos. No hay que dejar que se escaqueen. Que esté contigo porque te quiere y le gustas, no porque pones el friegaplatos y planchas sus camisas. Wake up!

 
On 30 de enero de 2013, 0:01 , Blanca dijo...

Es una gran verdad que hay mucho samurai por ahí que no hace nada en casa porque tiene las manos ocupadas rascandose los huevos; pero creo que en la mayoría de los casos los samuráis no puede ocuparse de las tareas ni cuidar a los hijos porque pasan mas horas en el trabajo que en casa, y esto no es nada justo. Si le preguntas al mio, que sale de casa a las nueve para dejar a los niños en el cole y no vuelve hasta las ocho o las nueve de la noche te diría que el prefiere poner lavadoras y fregar con tal de pasar mas rato con sus hijos; pero desgraciadamente en este pais la conciliación no se entiede. El discurso de que los hombres hagan mas en casa debe empezar con que las empresas permitan jornadas mas humanas y sobre todo que los salarios sean equiparados; a quienes hay que someter es a esos que te dan a elegir entre tu vida laboral y tu familia. El tono que quería tener mi post era ese, que ni las empresa ni los gobiernos se han preocupado porque el progreso sea tener mayor calidad de vida, sólo se han preocupado de que tengamos más créditos, curremos como locos y no tengamos tiempo para nada mas; y eso ni es progreso ni es nada.