El guerrero Ninja ha de ser paciente. Debe aprender a esperar en las sombras hasta el momento indicado para el ataque.

La Madre Ninja cuenta con la paciencia entre sus armas más valiosas. Porque o la tiene o muere. No hay término medio. Si no es capaz de tener paciencia durante los cuarenta y cinco minutos que tarda su hijo en bajar un tramo de escaleras se tira por la ventana y muere. Si no es capaz de permanecer sentada en la cocina mientras su hijo hace bola hasta con el cola-cao por las mañanas se clava un cuchillo y muere. Si no es capaz de esperar pacientemente a que su hijo de cinco años se ponga las zapatillas (se las pondría yo en cero coma, pero no estoy dispuesta a hacerlo hasta que cumpla treinta años) mete los dedos en el enchufe y muere.

La paciencia es cuestión de vida o muerte. La futura Madre Ninja debe practicar para aumentar al límite su paciencia con ejercicios como explicarle que es Internet a mi abuela, asistir a una charla en la convención internacional de tartamudos o hacer algún tipo de solicitud en una oficina de la administración pública (y si hay huevos, interponer luego varios recursos). Una vez alcanzado el nivel óptimo de paciencia ya puede una enfrentarse a las criaturas.

Un día cualquiera por la tarde, observo que los niños están inquietos y que no han quemado la suficiente cantidad de energía para poder acostarlos temprano sin que me organicen un motín; así que pregunto al respetable: ¿nos vamos al parque en bici? A lo que ellos responden con un siiii eufórico, que yo, ahora lo se, no tenía que haberme tomado tan al pie de la letra, porque el Rubio responde con en mismo siii a preguntas como ¿vamos al médico? ¿te corto las uñas? ¿te comes el brócoli? Pero, con valor y coraje salimos por la puerta dirección al parque, que no pilla tan lejos también es verdad, El Mayor con su bici sin ruedines en la que aún no confía mucho, y El Rubio con el invento ese que es como una bici sin pedales. Y a mi, como me parecía poco, me entra la enajenación transitoria y me llevo al perro.

Así partió la caravana de la muerte, El Mayor delante, poniendo el pie en el suelo cada 10 metros o cada vez que pasaba un coche chillando “¡¡me va a atropellar!!”, El Rubio renegando de los avances técnicos alemanes en materia de bicis con un razonamiento aplastante “ esto no gusta, esto no moto” ( he aquí el porque somos tan buenos los españoles en motociclismo), y el perro tirando de la correa con toda su fuerza de perro salchicha para, aprovechando un descuido mío en el que intentaba convencer al Mayor de que era difícil que le atropellaran si no se bajaba de la acera, localizar una boñiga de un perro mayor que el y que seguramente había comido algo interesante y rebozarse en ella como si de aceite de rosa mosqueta se tratara.   

De manera que a escasos 200metros de mi casa me encontré que, con una mano empujaba la bici del Mayor con el encima para hacer de escudo humano anti-coches mientras corríamos detrás del Rubio, que con la bici no se movía pero a dos piernas corría que se las pelaba mientras en la otra mano cargaba con la bici sin pedales y tiraba de un perro oliendo a mierda. Yo todo esto a las 17:00 ¡la tarde es joven!

¿Paciencia? Si, paciencia tengo un montón, tengo hasta la que me pide el señor Rajoy (paga extra, eso si que no tengo, pero paciencia…) Paciencia como un síntoma de evolución, algo que ha cambiado en el gen de las madres para asegurar su supervivencia; porque si no, yo esa tarde me habría arrojado bajo las ruedas del primer camión que pasara. Y muerte

Comments ( 2 )

On 11 de septiembre de 2012, 4:41 , Y entonces llegó el caos dijo...

Uff, parece que describes la mayoría de mis salidas al parque: niño pequeño en silla, niño mayor que, o corre, o hay que tirar de él, no tiene término medio, perro de 30 kgs, bolsa de cubos y palas y mi paciencia infinita...


 
On 19 de septiembre de 2012, 12:46 , Rojilla dijo...

Madre mía lo q m he reído. Es q a mi también m pasa. Cuando parece q voy con poco... Aún m busco algo mas!!!!
M quedo x aquí si t parece bien, es q m río mucho...