A las personas humanas nos gusta clasificar las cosas. Esta habilidad ha dado muchas alegrías en el campo científico y algún que otro quebradero de cabeza en el ámbito social. Porque claro, cuando una persona humana ve un bicho desconocido, lo estudia, lo compara y si hay suerte lo mismo hasta describe una nueva especie y todo; pero si una persona humana ve a otra persona humana a priori debería poder clasificarla así a simple vista, sin estudios taxonómicos ni nada.

El problema es que, en el caso de los bebés, esta clasificación se encuentra con un escollo al parecer insalvable y altamente desasosegante. Un bebé es pequeño, regordete y (más o menos) pelón, y, si va vestido, no hay forma de saber, a simple vista, a qué género pertenece. Y lo de no saber así a simple vista si es niño o niña hay gente que lo lleva fatal; por eso, en ciertas culturas, hemos acordado poner pendientes a las niñas y nada a los niños. Y con esto ya la gente vive en paz.

Pero luego resulta que hay algunas madres que decidimos no poner pendientes a nuestras hijas recién nacidas y vamos por ahí sembrando el caos y la confusión. Porque aunque haya otros métodos de diferenciación genérica a la gente lo que le vale es lo de los pendientes. Da igual que lleves a la niña vestida de rosa, con un chupete rosa, en un carrito rosa y con un bolso rosa en el que pone bien grande su nombre de niña en letras rosas que no falta la señora que se te asoma al carro y te dice – Ay, mira, que niño más mono. Ya, gracias, bueno (dices tú, sintiéndote casi culpable) es una niña- ah, como no lleva pendientes….- Acabáramos.

Tengo que decir que no soy yo la pionera en mi familia en esto de no poner pendientes. Ya en el año 1978, mi madre, agotada y desquiciada, después de un parto de muchas horas, agarró a una monja por la pechera y amenazó con sacarle los ojos a ella y a toda su congregación si osaban agujerearme los lóbulos. La hermana salió de allí disparada a llamar al exorcista y a día de hoy, 36 años después, puedo afirmar que ni me ha poseído el demonio ni me he puesto pendientes.Me puedo imaginar las presiones enormes a las que mi madre se vería sometida para conseguir ponerme los pendientes, pero la mujer estuvo ahí firme; y lo del “no pasarán” de las revueltas estudiantiles lo tuvo que volver a sacar para contener a mis abuelas, que me rio yo de los grises después de haber visto a mi abuela Juana con la zapatilla de andar por casa en la mano.

Digo que me imagino la presión, porque el tema este de pendientes si, pendientes no aún levanta gran polémica. Sin ir más lejos, hace un mes, en la sala de espera del pediatra, presencié como una madre soportaba el peor asedio imaginable: el de la suegra. Allí estaba esta heroína del siglo XXI y su madre política, con la bebé en los brazos decía, en un alarde de sutileza: - Ay, mi nietecita, que bonita es, que bonitas orejitas tiene, y lo bonitas que estarían estas orejitas con unos pendientitos-. Y la chica allí, sin levantarse a romperle a la señora una vara en las costillas, que casi me levanto yo. ¡Idola! ¡Musa! No sé quién eres, pero desde aquí mi homenaje sincero.

Y en estas estoy yo, que siempre tuve muy claro que si tenía una hija no iba a ponerle pendientes, que me he pasado el embarazo polemizando a diestro y siniestro con el tema de los pendientes y que cuando por fin doy a luz y me dan a la niña, le miro la orejita y me encuentro con esto: una verruga en el lóbulo de la oreja izquierda redondita y colocadita justamente en el sitio en el que iría un pendiente. Toma ya. Por hippie. Puto karma.
 
 La monja y mi abuela se están descojonando desde el mas allá
 

Pd: A ver, que yo no le he puesto pendientes pero que no soy antipendientes. Que luego la gente ve mucho antipendientismo por ahí y el antipendientismo radical no es lo mío, que lo sepáis.

 

Comments ( 7 )

On 19 de agosto de 2014, 10:25 , Mamá en Bulgaria dijo...

Aquí en Bulgaria la tradición es NO poner pendientes a las recién nacidas, se supone que cuando crezcan ya decidirán ellas, y muchas adultas van sin pendientes.
Durante años me han mirado raro porque mi hija si los llevaba jaja! Cada país tiene sus costumbres y cada madre puede decidir lo qie le parece mejor :)

 
On 19 de agosto de 2014, 13:57 , DesastremaDre dijo...

Jajaja, yo tampoco le puse a la mía, a pesar de las abuelas. Incluso mi suegra me regaló unos pendientes de oro muy bonitos "por si cambiaba de opinión"... Ya se han dado por vencidas, y cada vez es menos raro ver niñas sin pendientes, por lo que la presion es menor, menos mal.
Un besote.

 
On 19 de agosto de 2014, 15:40 , La Bichera dijo...

Yo no tengo hijas pero si las tuviera yo tampoco les pondría pendientes, me parece innecesario hacerles pasar un mal rato por un capricho adulto. Y confundir el sexo de los bebes es algo que da juego para pequeñas conversaciones con desconocidos, da igual si son niño o niña el caso es decirlo al revés y sinceramente a mi nunca me ha parecido importante que siendo tan pequeños tengan que saberse sin lugar a dudas de qué sexo son. La berruguita en el lóbulo es una buena alidada para dar pocas explicaciones ;)

 
On 25 de agosto de 2014, 5:27 , Madreconcarné dijo...

Ja, ja, ja, es el karma, no lo dudes.

Pues voy a romper una lanza (o una lanceta quirúrgica) en favor de la perforación lobular: me gusta un montón colgarme cosas de las orejas. Iguales, desiguales, que me lleguen por el hombro, de todo. En los 80 era un espectáculo total (como paelleras, eran, oyes). Últimamente estoy más comedida. Pero no os fiéis. La moda está de mi parte, todo puede volver...
Si no llego a tener las orejas agujereadas, creo que me lo hubiera hecho de mayor (con gran llanto y rechinar de dientes, ay, me temo)

 
On 30 de agosto de 2014, 6:18 , Ayu dijo...

Jajaja q bueno! ! Q sepas q no estas sola. Mi madre no nos puso pendientes ni a mis hermanas ni a mí, y yo no se los he puesto a mis nenas. Ya se lo agujerearan ellas si lo desean

 
On 1 de septiembre de 2014, 0:31 , agucas dijo...

Mi madre en 1973 y 1976 consiguió sacar a sus 2 hijas de la maternidad, tan heroicamente como tu madre, sin sus lobulos perforados....todo iba bien hasta que con 5 añitos, yo, la menor, cogí piojos: solucionados, entre otras cosas, con un buen corte de pelo a lo chico! Ay, que trauma de infancia tengo con el tema, no hago más que recordar a todas esas viejecitas coñazo diciendo:¡que niño más guapo!¡vaya ojos tiene!.....eso sí, a que ya sabeis cual fue el regalo de primera comunión que más ilusión me hizo: mis orejitas con pendientes!! Y como mi hermana no tuvo piojos, no tuvo corte de pelo y ahí está ella toda feliz sin pendientes!

 
On 28 de enero de 2015, 5:57 , Eva Ramos dijo...

Q bueno! Me encanta lo de llevarla de rosa.A mi me pasaba igual y decidí poner una funda de flores en el carro. Me dio lo mismo, seguían preguntando.
Pero no importa, cuando sea mayor q decida ella donde quiere hacerse los agujeros