Un día entre semana cualquiera a eso de las cuatro de la tarde la Madre Ninja debe tomar una decisión que marcará las siguientes horas de su existencia para siempre: ¿nos quedamos en casa o vamos al parque?

La cabeza empieza a funcionar y una se acuerda de lo temprano que se levantó, de lo blando que está el sofá, de la pila de ropa que hay que colocar, de que el lavavajillas está sin sacar, y a priori la idea de volver a casa a “aprovechar la tarde” se coloca en cabeza; pero luego mira una por el retrovisor hacia los asientos traseros y descubre al Mayor dando saltitos nerviosos y al Rubio directamente mordiendo el reposacabezas y decide, por su propio bien, por el de los niños y por el de los muebles del salón, salir un ratito al parque.

En mis dos primeros años como Madre Ninja, yo era una nómada de los parques. No tenía asentamiento fijo, iba de un parque a otro dependiendo de las estaciones, las glaciaciones o la caza del mamut. Pero un buen día, se produjo un hito social sin precedentes hasta la fecha: nos invitaron a un cumpleaños. Y conocí a otras madres del cole. Y evolucioné. Me establecí en un asentamiento fijo con un grupo de madres-recolectoras y me inicié en el complejo mundo del parque.

En un principio, como es habitual en homínidos de nuestra especie, nuestro grupo estaba liderado por la hembra de mayor edad. Pero después de una polémica vía Whatsapp (ya había desarrollado yo pulgares oponibles listos para teclear) hubo una escisión en el grupo y se fue por su lado.

Desde entonces, hemos pasado de asentamiento de cromañones a mara salvadoreña. De hecho, creo que voy a tatuarme en el brazo “panda del parque forever, brodel”.

El grupo de madres/padres (que hay padres de parque también, aunque sea especie en extinción) acaba siendo un apoyo similar al de alcohólicos anónimos: “Hola, me llamo Mari y hace tres días que no le doy a mi niño de cuatro años el chupete” “Te apoyamos Mari”. Es una fuente de conocimientos sin precedente, y, en los ratos en los que no estás corriendo para evitar que el Rubio se deje los dientes al final de tobogán o lavando en la fuente un raspón de la rodilla del Mayor mientras grita que se va a desangrar, puedes comparar pediatras, enterarte de las ofertas de Lidl o valorar las últimas declaraciones de la Merkel.

Hay mucha madre trendy que echa pestes de los parques, supongo que será porque el primer día que intentó sacara al niño del arenero para que no se manchara los pantalones de Baby Dior se le arañaron los Manolos; pero para mi es importante ir, porque a día de hoy, después de tantas tardes, de las vacaciones juntos, de las excursiones, de los cachondeos de los viernes, o de las barbacoas, yo voy al parque casi como cuando tenía quince años; a ver a mis amigos.  

Comments ( 3 )

On 30 de mayo de 2012, 13:29 , Patricia Gallardo dijo...

No pensé que lo iba a decir nunca, pero no sabes cuánto echo de menos las tardes de parque... Espero reincorporarme pronto!!

 
On 31 de mayo de 2012, 3:46 , Blanca dijo...

Te queda muy poco!! Te esperamos con los brazos abiertos, ánimo!!

 
On 12 de junio de 2012, 1:52 , Ruben Fernandez dijo...

De no ser porque algún día fui... Diría que tenéis montada una secta en el parque!!!! Jajajaja