Cuando paseo mi lozana panza por los parques, jardines y Mercadonas de esta nuestra comunidad ( autónoma), no falta nunca una amable ciudadana, generalmente señora mayor, que me mira con ternura y me pregunta: ¿ es el primero? . Culparé de esta confusión, no a la buena mujer sino al hecho de que yo, en chandal,con coleta, y sin pizca de maquillaje que tape este acné prenatal, parezco mas una madre adolescente de quince años que una madre ninja de 36; es lo que tiene salir sin los nunchakus. Volvemos entonces, que me voy por las ramas, a la pregunta de esta entrañable señora, que con cariño y, por que no decirlo, bastante condescendencia, me pregunta si este es mi primer embarazo. - No, es el tercero- respondo yo,y ella abriendo bastante los ojos y con la sonrrisa un poco congelada, suele responder: - ¿ Tres? ¡Que valiente!.

Esta opoinión está muy generalizada, la de que tener dos hijos es normal y tener tres es de ser muy valiente o de estar muy loca. Yo hoy quiero demostrar que lo único que hay que hacer para ser madre de familia numerosa es ser mala madre.

Según los parámetros actuales del buenmadrerismo, establecidos estos por norma general desde plataformas tan fiables como las películas, los anuncios, las revistas de bebés o los blogs de madres norteamericanas; para ser una madre como dios manda hay que cocinar platos creativos a la par que nutritivos, hacer manualidades nivel McGuiver, coser tanto a máquina como con las agujas de punto,hacer bricolaje y reformas,saber decoracion de interiores,fotografiar como una profesional con la cámara mas cara del mercado,cambiar el color de las uñas cada dos días, estar buenorra y tener un marido igualmente buenorro, cuya mezcla genética explica esos maravillosos niños de anuncio que corretean por tu loft o casa rústica con jardín exquisitamente decorada.

Si no tienes esto, desengáñate mujer, eres una mala madre, y lo que es peor, eres un puto fracaso de persona. Si eres tan pringada como para levantarte temprano para ir a currar, llegar in extemis a recojer a los niños después de malcomer un sandwich delante del ordenador, dejarles ver dos horas de tele porque tienes una montaña de plancha que amenaza con sacarte de casa y darles de cenar salchichas porque, un día más, no has tenido tiempo de ir al super,contesta a esto : ¿ Por que te has reproducido? ¿ para que haya mas perdedores en España? ¿ es que acaso no hay ya bastante contigo?

Pero, seamos sinceros y abandonemos el sarcasmo por un momento. Pretender alcanzar el ideal de buenmadrerismo es tan difícil como pretender parecernos a esa foto de una modelo en bikini que apesta sospechosamente al photoshop. El 99% de nosotras somos madres del segundo tipo que he descrito y jamás tendermos las piernas tan largas, desengañémonos. Si queremos sobrevivir ir a la maternidad, de uno, tres o cinco churrumbeles, lo único que está en nuestras manos es hacer lo que buenamente podamos y aceptar un cierto grado de malamadrerismo.

Nadie se ha muerto por comer salchichas dos días seguidos. Lo que no se puede es llevarse el tupper de patatas a la riojana a un cumpleaños infantil porque si no tu niño no va a comer su ración diaria de carbohidratos y verdura; no, no es un ejemplo al azar, eso lo he vivido yo en un cumpleaños en el que una señora sacó su tupper y obligó al crio a comerse su guiso y nos miraba a las demás con  desaprobación mientras yo me tomaba mi cuarta cerveza, el Mayor se comía su cuarto sandwich de nocilla y el rubio perseguía a una niña con una cachiporra de plástico con la intención de agarrarla del pelo y llevarla a su cueva.

No pasa nada por que un niño se aburra. Está muy bien jugar con ellos un rato o sentarse a leer un cuento, pero la manera en la que seguro desarrollan su imaginación es dejarles aburrirse diez minutos, y mientras a ti te da tiempo a tender esa lavadora o a contestar correos electrónicos.

Un niño puede hacer muchas cosas solo, no hace falta que estemos detrás todo el día metiendoles la camiseta por dentro, si no, antes de que nos demos cuenta la criatura tendrá 30 años y nosotras seguiremos dándoles de comer haciendo el avioncito, y ya os digo desde aquí que en esas condiciones ese chaval no se echa novia ni por el meetic.

Así que ¿ cómo me lo voy a montar para ser madre defamilia numerosa? fácil, lo resumo en tres sílabas: PA-SAN-DO. Pasando de intentar llegar a todo, de ser perfecta, de estresarme innecesariamente,vamos, la técnica ninja de toda la vida: sobrevivir como buenamente pueda sin culparme de tonterías y disfrutar de mis hijos todo lo posible.
Quede dicho a priori que yo no considero mi estado de gravidez una ventaja en sí misma. Más bien lo considero una fase al principio incómoda y al final difícil por la que hay que pasar y me aguanto y ya esta. Bien es cierto que hay mucha gente que disfruta del embarazo, y yo me alegro por ellas, porque si lo puedes vivir en positivo, mejor que mejor.

Hoy comienzo mi semana 30 y encaro definitivamente el tercer y terrible último trimestre, en el que cada día estaré más pesada ( de peso y de cansina que me pongo), me dolerá más la espalda, dormiré peor,la acidez será criminal,se me pondrán cara de morsa y tobillos de elefante y una mala hostia de la que sólo el pobre Samurai será víctima y testigo.

Por eso hoy, que aún estoy ligera y positiva, voy a hacerme una lista de las cosas buenas que tiene  estar embarazada y de las que me pienso aprovechar en este mi último embarazo, ya que después de esto me corto la coleta o me ligo las trompas, lo que sea más eficaz como método anticonceptivo.

     -  Lucir barriga. Tampoco hace falta ir con la tripa al aire, y menos en pleno mes de enero, pero es mejor ponerse una camiseta ajustada con la panza claramente de embarazada que con el colgajo fláccido que se me va a quedar después.

  - No mover un dedo innecesariamente. Aunque teniendo dos niños esto se hace difícil, estoy resuelta a aprovechar toda presencia de un adulto en un radio cincuenta metros de distancia para no agacharme, cargar peso o caminar. Si la semana pasada conseguí que una señora desconocida vistiera al Rubio después de la clase de natación puedo conseguir cualquier cosa gracias al poder de la barriga.

 - Ponerme fina. Pero fina filipina. La opinión del ginecólogo sobre el aumento de un kilo de peso al mes me la paso yo por el arco del triunfo.Ya habrá tiempo luego para la acelga cocida.

  - Obligar a los desconocidos a dejarme el sitio en el metro. Aunque no tenga ganas de sentarme, si hay un sitio reservado para embarazadas lo quiero. Lo pido con una sonrisa cándida y vocecita de pobrecita yo y no hay quién no se levante maldiciendo el momento en el que entre por la puerta. Muahhhhhjajajajaja

- Andar por ahí resoplando como un troll. Esto me encanta.Es subir un tramo de escaleras y soltar todo lo que llevo dentro en bufidos y resoplidos; entiéndanme, en realidad no me hace falta, pero es un poco lo que hace Sharapova, ¿necesita esos gemidos orgasmicos para darle a la pelota? no creo, pero ella se queda liberada y, no nos engañemos, es lo que la gente quiere oír.

- Vivir en anarquía, pero en anarquía total. Ahora que por fin voy a conseguir que me den la baja me voy a pasar el día en chandal, con el moño despeinado y las chanclas de piscina con calcetines. La frase " estoy embarazada" es el pasaporte a un mundo mejor, sin normas y sin control. ¿Que te apetece desmontar el salón pieza a pieza y cambiar la ubicación de los muebles a una menos funcional? Es que estoy embarazada. ¿Que vuelves de las rebajas con diez kilos de bodies rosas y un vestido ideal para ti de la talla 36 en el que nunca jamas llegaras a entrar? Es que estoy embarazada. ¿Que te alimentas de bocadillos de jamón serrano mojados en Paladin a la taza? Es que estoy embarazada y ademas soy inmune a la toxoplasmosis, y no dejo pasar la ocasión de restregarselo por la cara a cualquier embarazada que me encuentre.

Y asi espero sobrevivir estas próximas ocho semanas, en las que estaré cada vez mas gorda, mas cansada, mas chunga de la espalda y mas cabreada, pero eso si, punki, muy punki.






Este es un aviso para todas las madres y padres que tengan una niña que haya nacido entre el 2010 y el 2014. Dentro de aproximadamente quince años habrá un individuo suelto que supondrá un grave peligro para toda jovencita en su apogeo y esplendor. Un tipo rubio, de ojos azules y con unas mañas de seductor que me carcajeo yo en la cara de George Clonney. Un chulazo, un canalla. Yo lo voy avisando ya para que luego no me vengan con reclamaciones cuando El Rubio les chulee la pasta a sus hijas, les confunda el nombre o les engañe con sus cuatro mejores amigas.

 

Las primeras sospechas de lo que estoy criando me llegaron durante el curso pasado, aún en la guardería, cuando, al llegar en niño a casa con la carpeta de sus trabajos supuestamente hechos durante la segunda evaluación, esta incluía únicamente cuatro hojas, todas ellas claramente del puño y letra su profesora. Al preguntar yo a la susodicha por semejante fenómeno me contesta: -Pobrecito, es que algunas veces está muy cansadito y no quiere trabajar. Y claro el prefiere jugar y yo le acabo los trabajos -¿Perdón? ¿Me estás contando que se niega a hacer los dibujos de clase? – No, no se niega, me lo pide a mí y con esa carita…..Con esa carita de cemento armado, querrás decir.

 

A mi que no me pregunten, para mi por supuesto mis hijos son lo mas guapo y granado del género humano, pero este año me doy cuenta de que el Rubio cuenta con multitud de admiradoras que no comparten genes con el. Empezó con un “que niño tan guapo, es como de anuncio” y siguió hace dos meses cuando las niñas de su clase le coronaron príncipe azul con corona y todo y al parecer hubo que guardar turno para sentarse con el en el comedor. En la última reunión de padres una madre se me acercó y me dijo que su niña estaba loca por él y que quería “cazarze con el porque ¡es taaan guapo! “. Casualmente es la misma niña a la que El Rubio siempre le pide las galletas en el recreo y ella siempre accede encantada a quedarse sin merienda porque “es una de mis novias y me quiere”. Es un truhán, es un señor.

 

Pero no se crean que el hace distinción entre las mujeres según su edad, con las profes nuevas ya está probando su magia. Antes de las vacaciones, se negó a ensayar para el festival de Navidad, hecho que me recalcó su profesora visiblemente enfadada a la salida, pero antes de que yo prometiera castigos y fatalidades, el Rubio, abriendo de un modo inhumano los ojos azules y poniendo cara de ángel sobre la tierra, se dirigió compungido a su profe: -Pero ya no lo voy a hacer más, y además, tu sabes que te quiero mucho. Y aquella mujer, herida de amor, calló de rodillas y se abrazó al querubín infernal diciendo- Ya, cariño, ya lo se- mientras el, conseguido su objetivo, se zafa del abrazo y me pregunta -¿has traído merienda?- dejando tras de si otro corazón roto.

 

Si el problema no es ser guapo, el problema es saberlo y usarlo, no hay nada más peligroso que un guapo sin vergüenza, sin miedo y sin conciencia, y a este  no le ha tocado ninguna de ellas en el reparto de cualidades. Pero yo estoy dispuesta a encauzar a Casanova junior; se acabo tirar besitos a las cajeras de Mercadona, se termino ir guiñando el ojo a las señoras de la farmacia, le voy a confiscar las gafas de sol y la chupa con las que se pasea montado en la moto de plástico en el parque y le voy a retirar la colonia con la que se repeina el tupé. Hoy cumple cuatro años, con algo de esfuerzo conseguiré que llegue a los quince con menos peligro, pero si no lo logro yo ya las he avisado señoras, para que luego no me vengan con reclamaciones.

El hábil guerrero Ninja sólo porta en su hatillo aquello que le es útil. Vive con sencillez, no necesita acumular.

 

Numerosas son las ocasiones en las que una madre moderna, del siglo XXI y con conexión a Internet ha de resistir la tentacion de coger un trozo carcomido por las termitas de palet de obra y hacerse con el un jardín vertical que se caga la perra. Es que ahí, en las fotos, la cosa parece fácil, pero cuando una tiene dos manos izquierdas ( y es diestra) y la misma  concepción espacial del escarabajo de la patata pues el tema se complica un poco.

 

La cosa viene de lejos, no se crean. Una, que es polifacética, trabajó bastantes años como monitora de campamentos y, aunque nunca llegué a codearme con la élite perroflauta del momento, si que asimilé el concepto principal del trabajo en los talleres con niños: Reciclar y reutilizar, esto último preferentemente. Así que cuando pasábamos un presupuesto para un campamento a un ayuntamiento o a una asociación de vecinos, teníamos en cuenta que muchos de nosotros llevábamos meses en casa guardando tetra briks y cartones de huevos a fin de hacer con ellos desde carpetas hasta sombreros. Ecológico y económico.

 

Cuando llegó el momento en el que mi hijo mayor fue capaz de sostener un lápiz sin chuparlo aproximadamente diez minutos decidí que estaba preparado para hacer cuencos de fruta con un globo y papel maché. El resultado, obviamente, quedará grabado en una pared para siempre a modo de bajo relieve rupestre. Pero yo, inasequible al desaliento y con la inocencia que te da el ser madre primeriza, insistí en hacer nuestros propios juguetes reciclados, tanto que ahora me doy cuenta de que he creado un monstruo.

 

Viviendo en mi casita de papel


 
Todo lo recoge, todo es susceptible de ser convertido en un cohete, un coche o la casa de un gormiti. Es un visionario, el problema es que donde el ve un montón de posibilidades yo veo una caja de mierda. Pero me tengo que callar y alentarle, por supuesto, lo primero porque su creatividad crece por minutos y lo segundo es que ha sido culpa mía y no me entero nunca de que calladita estoy mas guapa. Y la verdad es que los comerciantes, particularmente los de lácteos, no ayudan nada. Ahora han sacado unos yogures líquidos en un envase que simula un muñeco, acabáramos. Por si no tenía yo suficiente con las cajas de cereales, los botes de cristal o las hueveras, ahora tengo un kilo de vasitos de yogur a la espera de que nos sentemos a ponerles ruedas y, a ser posible, hacer que se transformen en robots asesinos del espacio exterior. El es un visionario, pero yo no soy ingeniera, así que a ver que clase de engendro sale de ahí.

Gracias, señores comerciantes de yogures, por poner en el vasito la imagen de un dibujo animado. Mevoyacagaentodolosmuerto

Yo, de momento, y hasta que el síndrome del nido ataque y me de por tirar todo al cubo amarillo, me he comprado una pistola de termo adhesivo y me siento poderosa. Que Martha Stuart se agarre los machos.

¿Eh?  Tanto wasi tape, tanto wasi tape...un poco de basura y tenéis el mejor árbol de navidad de la historia

Un guerrero Ninja ha de estar entrenado para la sobrevivir en cualquier condición y sea cual sea su estado de salud.

 

Estoy constipada, buy condsdipada. El aire me entra solo por uno de los orificios nasales y en forma de un hilo tan fino que tengo que respirar por la boca, algo que sin duda ha favorecido el dolor de garganta que desde esta mañana de me alegra el martes. En condiciones normales, yo, que soy drogadicta, ya me habría enchufado media caja de frenadol y varios ibuprofenos, pero no vivo en condiciones normales. Lamentablemente mi afición a los fármacos y mi embarazo son incompatibles. No hay prácticamente nada que me pueda tomar, y aunque ayer traté de darle mucha pena al médico de mi curro (más conocido como el Doctor Pelucas) no conseguí sacarle mas allá de una receta de paracetamol, ni un mísero spray nasal, nada.

 

Estoy segura de que hay un millón de cosas homeopáticas que me puedo tomar, bien, me las puedo tomar, pero eso no quiere decir que vayan a funcionar. En realidad no hay tantos remedios naturales que te puedas tomar, he leído últimamente que el exceso de vitamina C es malo durante el embarazo, así que ni eso.

 

Por las mañanas me levanto, después de que prácticamente no he pegado ojo por el molesto problemilla que supone no poder respirar, me tomo un tan inocuo como inútil té con miel y me arrastro al trabajo haciendo un homenaje a Walking Dead. Tengo que ir porque a algún lumbreras se le ocurrió que, para evitar que los funcionarios nos fuguemos a las Bahamas cada quince días a pulirnos nuestros fastuosos sueldos, lo mejor sería que cualquier falta, justificada o no, conlleve la pérdida del 50 % del sueldo del día. Cuando llego, con los ojos vidriosos y la piel bajo la nariz en carne viva, hay una horda de niños de primaria que han venido con el único propósito de chillar tanto que logremos establecer dónde está el umbral del dolor en una persona con jaqueca provocada por la congestión, no en vano esto es un organismo público de investigación.

 

Al final de mi jornada laboral, me meto en el cercanías y caigo en coma profundo hasta la estación de Las Matas. Si no fuera porque el revisor suele pasar a esa altura yo estaría escribiendo esto ahora mismo desde Ávila. Recojo a los niños y me acurruco en el sofá entrando en un estado prácticamente vegetativo. Entre la neblina de mi mente acierto a ver toda suerte de cosas voladoras, desde patadas a trozos de mortadela con aceitunas o un perro salchicha enviado a propulsión en uno de los números estrella del “Afro Circo” nuestro nuevo juego favorito. Los muy mamones hasta le han hecho un casco con papel de plata.

 

En torno a las siete y media de la tarde consiguen que me incorpore haciendo uso de una frase que ninguna madre puede ignorar: “tengo hambre”. Abro la nevera y saco el tupper de arroz blanco del que llevamos tres días viviendo, mierda, no hay tomate. Consigo a duras penas hace una tortilla francesa cuando oigo abrirse la puerta y veo entrar al Samurai en medio de un rompimiento de gloria y rodeado de ángeles trompetistas y querubines en pelotas. Farfullo algo así como “ beboyadormir cadiño bañaniños dequiedobucho” y me meto en la cama vestida con un chándal de felpa y un forro polar. Hoy he logrado sobrevivir, pero el mañana es incierto, lo mejor será que me pille con, al menos, un par de horas de sueño. 

El hábil guerrero Ninja sabe que a veces, los deseos se cumplen, y que cuando se cumplen hay que vivir con ellos.

 

Como alguna que anda por ahí por el twiter, muy listilla y muy vasca y con mucha peineta ya ha adivinado, el ser humano que llevo alojado entre mi estómago, mi bazo y mis pulmones es una niña. UNA NIÑAAAAAAA, yuhuuuuu, yupiiiiiii, una niñaaaaaaaa.

 

Espera un momento, ¿una niña? Pero Madre ninja, criatura, ¿que sabes tú de las niñas? Si tu te has criado rodeada de primos, si tu le ladrabas a tu abuela cuando intentaba ponerte el vestidito de nido de abeja, si tu jugabas en el patio del cole a la Patrulla X y no a las princesas, si tu viviste la totalidad de tu infancia con el pelo cortado a tazón y vestida con un peto de pana, si tu conseguiste, después de patear insistentemente una vitrina del Corte Inglés, hacer la comunión vestida de marinerita. ¿Tu tienes idea de lo que se te viene encima?

 

Pensándolo bien, hay muchas cosas que va a ocurrir en torno a la crianza de una niña para las que yo no estoy ni remotamente preparada. Se que van a ocurrir porque he visto a mis amigas que tienen niñas rodearse de princesas Disney, joyas de plástico, sobredosis de rosa y purpurina y bailes modernos de dudoso gusto. Hay ciertas cosas que, independientemente de cómo eduque yo a mi hija, van a ocurrir, y van a suponer un reto inmenso para mí:

 

-          Hacer pis en el parque. A menos que diseñemos algo en estos próximos meses, cuando la niña se haga pis en cualquier lugar que no sea el baño de mi casa, la logística y el procedimiento no van a tener nada que ver con lo que tengo por costumbre y llamo coloquialmente “saca la chorrilla y mea”. Ayer mismo asistí acongojada a cómo un padre tenía que ayudar a su hija a hacer pis en un descampado al lado del parque, y la cosa que empezó reguleras acabó con el bienestar del lomo del buen señor y la limpieza de sus zapatos.

-          Peinarse. A una niña habrá que peinarla, digo yo. Es una cosa que intuyo, porque desde aquí confieso que yo a mis hijos no les peino. Llevan el pelo tan corto que no lo veo necesario, la verdad. Pero claro, o la llevo con el pelo igual de corto o me afano en hacer coletas, kikis y similares, y lo que es peor, le doy un curso al Samurai, que es el incauto que tendrá que llevarla a la guarde por las mañanas. O nos compramos un busto de la Nancy para practicar o le explico cómo funciona la aspiradora.


-          La etapa rosa. Me consta que madres que detestan el rosa con toda su alma y que jamás han vestido a las niñas de ese color, pasan, como un vía crucis, por la fase rosa de las nenas. No hay escapatoria. No se si está en el ADN o si se lo insertan en el cerebro por las noches, lo cierto es que hay un momento en el que ella quieres ser princesa de fresa y tu te quieres tirar por la ventana. Tengo mis esperanzas puestas en mis hijos y en su terapia de choque “dale golpes a este cubo con un palo mientras yo me lo pongo en la cabeza” para que al menos se convierta en Xena, la princesa guerrera.

-          Hablar. Por lo que he observado, las niñas llegan antes a expresarse correctamente y hablan con más claridad desde más temprano. Lo que me faltaba. Porque teniendo en cuenta que los hermanos ya están en la fase ¿Cómo se formó el mundo? ¿de dónde vienen las personas? ¿por qué se muere la gente? , en menos de dos años tengo una tercera vocecilla inquisidora preguntando por qué vuelan los aviones o por qué tienes ese tic en el ojo Mamá.

 

 

Aún con todas estas dudas, estoy feliz como una perdiz. Así soy yo de contradictoria, porque, si no querías mojarte los pies con pis ajeno, hacer kikis con cuatro pelos, comprar el disfraz de princesa Aurora o responder a mil preguntas de un mico de dos años, ¿para qué querías una niña? Pues para quererla mucho, ¿para qué sirven los hijos si no?



Es una de esas palabras maravillosas que despiertan el perro de Paulov que todos llevamos dentro. Es decir la palabra piojos y te pica la cabeza. Automático. Y yo, como estos días no solo he usado la palabra sino que he estado en contacto directo con los insectos neópteros a los que da nombre, me he rascado la cabeza hasta dejármela en carne viva y he llegado a someterme dos veces (sin necesidad, a mi no se me había enganchado) al tratamiento de vinagre y lendrera que me ha dejado este pelo desmochado y estos ojos de loca que luzco en la actualidad.

 

La cosa se destapó una soleada tarde de octubre mientras observaba yo, agarrada a la verja del colegio como un almonteño, a mi hijo en los últimos cinco minutos de su clase extraescolar de fútbol. De mi observación científica extraje que no es tan buen portero como medio centro (nota mental: gritarle al entrenador en el próximo partido que saque al niño al medio y se deje de gilipolleces) y que se rascaba la cabeza demasiado para mi gusto. De vuelta a casa, pare en una farmacia y blandiendo la tarjeta de crédito le grité a la farmacéutica que me diera TODO lo que tuviera para masacrar piojos. Entiéndanme, era la primera vez que me veía en esta situación y yo, además de muy fan de los productos químicos abrasivos soy un poco dada a la exageración. Finalmente la farmacéutica me hizo entrar en razón, y, aunque podía haber hecho el agosto a cuenta de mi visa, no se aprovechó de una enajenada mental y me vendió lo básico: producto pediculicida, champú, lendrera y un gorrito de plástico, todo en una caja.


Equipo completo anti piojos

Una vez en casa, sin mediar palabra, metí al Mayor en el baño y, en mi furor exterminador, derramé el producto sobre su pelo, su cogote, su espalda, sus ojos y su boca. Así, sin paños calientes. La criatura, con toda la razón, ángel mío, se quejaba amargamente (porque dulce, dulce el líquido ese no tiene que estar) y yo, después de enjuagarle bien, le prometí el oro, el moro y diez paquetes de cromos de fútbol. Luego, le senté en un banquito delante de la tele y le pasé pacientemente la lendrera el tiempo exacto que dura “Bob Esponja la película” , que si de normal se hace larga, no quiero contar cómo se hace mientras pasas el peinecillo y vas viendo caer los cadáveres de tus enemigos.
 
Ahí acabamos con el grueso de los bichos pero no con la psicosis. Andaba yo como un sabueso mirando cada dos por tres a mi hijo tras las orejas y con la suficiente preocupación para quejarme de los bichos en Twitter cuando los amigos de Nitview España se apiadaron de mí y me mandaron la lendrera con luz UV acoplada. Es una lendrera que incorpora un haz de luz ultravioleta que hace que las liendres y los piojos brillen bajo la luz de tal manera que son mucho más fáciles de localizar. Aunque des una pasadita por encima, si hay liendres se ven enseguida, con lo que me evito estar un rato despiojando al niño y viendo por enésima vez “Bob Esponja, la película”.
  
La Ledcom apagada






La Ledcom encendida



Ahora mi sistema de prevención de los piojos tiene tres pilares: Unas gotitas de aceite del árbol del te en el champú, un corte de pelo majete y una observación de control cada cuatro o cinco días con la Nitview Ledcom.  Y por lo pronto no hemos recaído, seguiremos informando.