Aquí está, viene ya, tan
feliz, el mes de mayo con sus alergias, sus flores, su semana de San Isidro en
el trabajo y su me quito o no me quito el sayo. El fin de curso es inminente, y
una de las señales de que se termina el cole es esa madre cansina que propone,
mientras esperamos para recoger a los chavales, recaudar dinero para hacerle un
regalo a la profe.
Seguro que muchas de
vosotras sois ejemplares de este espécimen materno, y algunas seréis incluso
peores, haréis los regalos para la profe vosotras mismas, con Wasi-tape y un
trozo de palet de obra. Las habrá que se presenten en clase con una bandeja de
cupcakes. No tengo nada en vuestra contra, pero he de esgrimir mis argumentos
para oponerme a este sin sentido y tratar de, una vez mas, salvar al mundo.
El motivo principal para
hacerle un regalo a la profe es “ha cuidado muy bien de nuestros hijos”. Os
contaré un secreto: es su trabajo. Estaría bastante mal que no cuidara de los
niños, entre otras cosas, se quedaría sin regalo -¿Le hacemos un regalo a la
profe este año? – no, este año no, que el último niño que se le despistó sigue
hospitalizado. No digo yo que su trabajo no sea digno de todo el reconocimiento
del mundo, pero de ahí a comprarle unos
Loboutin hay un abismo.
Unos Loboutin, un Cartier o
una casa en la playa, porque la que recauda este año ha puesto la cifra
escalofriante de 15 pavos por alumno para hacer el regalo. Quince euros de
vellón, por 25 niños en clase nos dan un total de ¡375 euros! Disculpad la
expresión, pero, ¿que cojones van a comprarle? Trescientos setenta y cinco
euros. En el último cansino correo que mandaba la madre promotora del regalito
se ofrecía ella misma a comprarlo y nos indicaba que a la profe le gustaba
mucho la ropa de Desigual. Ya le puede gustar, porque le van a llenar el
armario. Espero que por lo menos las camisetas a parches y los abrigos
incalificables le sirvan de inspiración a la muchacha y por lo menos pille
cacho por las mañanas. Ahora que yo he pasado por el aro y he dado mis quince
euros reglamentarios. Los que vimos Friends en los noventa aprendimos mucho
cuando Ross se negó a colaborar con el regalo al conserje de su edificio.
He pagado porque considero
que este año, que es el último que pasan con la profe, si que habría que tener
un detalle. Pero como creo que no hay que gastarse necesariamente trescientos
setenta y cinco euros en algo que a lo mejor no le gusta (y que me duele que
mis 15 euros se gasten en un Desigual) he apoyado la iniciativa que han tenido
en la clase del Mayor de regalarle a la profe unos dibujos de los niños bien encuadernados
con fotos y dedicatorias varias. Tanto me ha entusiasmado la idea de un regalo
personalizado que me he venido arriba y me he ofrecido para editar un video con
imágenes de los niños y musiquilla.
-Disculpe Madre Ninja, ¿no
era usted la que en los dos primeros párrafos de este post se metía con las
madres hacendosas capaces de hacer un cabecero de cama con un palet y de
hornear fantasías de azúcar? ¿No era usted la que consideraba un sinsentido
hacer regalos a la profesora de sus amados retoños que con tanto amor y
dedicación se ha dejado la piel y los nervios ocho horas al día durante tres
años? Si, era yo, y me desdigo de todo lo dicho. Haced regalos, demostrad vuestro
amor a los docentes, pero por el amor de Dior, no os gastéis trescientos
setenta y cinco euros en Desigual.
4:08
|
Category:
|
14
comentarios




