Jueves, diez de la noche.
Después de un día en el que había madrugado, trabajado, recogido a las fieras,
dejado a estas mismas fieras en clase de fútbol sala mientras yo pasaba una
hora en el gimnasio del polideportivo, recogido la cocina, tendido una
lavadora, hecho una cena, bañado y acostado a dos insurgentes yo solita (el Samurai
tenia una cena, vamos a decir que de trabajo), me disponía a yacer lánguidamente
en el sofá cuando una idea aterradora me sobrecoge: El disfraz.
El puñetero carnaval lleva
toda la semana produciéndome dolores de cabeza. No solo a mi, por lo que leo en
la blogosfera, hay varios ejemplos de madres atormentadas como este y este. En
nuestro cole, no contentos con hacer una fiesta de carnaval hacen una semana
completa de carnaval y cada día hay que llevar alguna cosa, de la que yo por
supuesto me acuerdo puntualmente a las cinco de la mañana del día en cuestión y
tengo que improvisar una peluca, unas gafas divertidas o una nariz de payaso.
Y el viernes, como colofón a
la semana han de ir disfrazados. No me quejo, este año la cordura ha llamado a
la puerta del colegio y la han dejado entrar, abandonando, al menos de momento
la manía que tenían con los disfraces extraños. Si el primer año tuve que hacer
un disfraz de quesito del trivial, el año pasado me curré uno de aro olímpico
sin pestañear. Por no hablar de los disfraces conceptuales tipo “el otoño”, “la
solidaridad”, “el cumpleaños” o “el invierno”, que suelo solucionar con un chándal
blanco y un cartel en el pecho en el que se puede leer “otoño”, “solidaridad”, “cumpleaños”
o “ invierno” según convenga.
Afortunadamente, como digo,
este año el mayor puede ir disfrazado de lo que quiera, lo que se traduce en
que la mitad de la clase irá de Spiderman y la otra mitad de monster high. Uno
menos. Pero el Rubio si tiene dress code, hay que ir de indio. Y yo, que he
pasado del tema toda la semana ni he ido al chino a por un disfraz de indio, así
que heme aquí, a las diez de la noche, improvisando un disfraz. Pongo fotos de
mi proceso creativo siguiendo el consejo de la @madrenovata:
Disfraz de indio:
ingredientes
![]() |
| Al lorito con las flechas, esto parece Baballa |
Paso uno: cortar la camiseta con flecos como esas camisetas que teníamos de pequeñas para ir a la playa (molaban mucho)
Paso tres: cortar tiras de
fieltro mas o menos étnicas y pegarlas a la camiseta con cinta adhesiva de
doble cara. Las tiras no son iguales, pero ¿Qué pasa? ¿Que los indios hacían las tiras con el Corel
Draw? Amosnomejodas (no son horas y se me está empezando a hinchar la vena del
cuello)
Paso cuatro: Complementos.
Lo primero, una cinta de esas indias con una pluma hecha con lo que me sobró de
goma eva que compré para el disfraz de quesito del trivial y unas pegatinas que
llegaron a casa, creo que sobrantes de unos de los libros del Mayor. Lo de la
pluma lo tengo menos claro, es una de esas cosas que mis hijos atesoran junto
con piedras, palos y castañas.
Estoy particularmente orgullosa del tomahawk. Es
tan cutre que mola. Está hecho con un rollo de papel de cocina y un trozo de
cartón.
Pues ya está, ale, a dormir.
Menos mal que no les llevo yo al cole, no tendré que enfrentarme a niños con
disfraces comprados y a la mirada desaprobadora de sus madres. Si, es cutre,
si, me ha salido barato, pero yo no estoy aquí para cocinar cupcakes y hacer
falditas de tul; estoy demasiado ocupada en sobrevivir.
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